miércoles, 25 de mayo de 2016

Sencillamente Especial

Ydna era un geólogo poco común aunque a la vista de muchos era parecido a la mayoría. Como todo aquel que se dedique a su oficio, a este le encantaba ver cosas nuevas y poco comunes. Vivía enamorado de las rocas pero a lo largo de su carrera había visto tantos tipos de ella como estrellas encuentras en el cielo. A pesar de
eso Ydna tenía un sueño, de esos que necesitas disfrutarlos con los ojos abiertos, y e era el de encontrar una nueva piedra que fuese capaz de sorprenderlo, una que fuese única y exclusiva. Teniendo en cuenta sus expectativas y lo experiencia que tenía con respecto al tema, esta era una tarea difícil. Pero más complicado aun sería su forma de buscarla, puesto que si se proponía aquello entre sus metas, este empezaría        primero por desesperarse y terminaría luego por frustrarse. Así pues, aquel hombre decidió seguir mejorando sus destrezas como geólogo y dejo que su sueño fuese el premio a su perseverancia, en el fondo sabía que algún día chocaría con dicha roca. Y más que eso, así fue. A medida que pasaba el tiempo sus conocimientos acerca de la vida y su profesión crecieron a pasos agigantados y sus expectativas iban a la par. Se fue encontrando con piedras de todo tipo, tanto así, que se detuvo un día a mirar a una en particular. Esta era una piedra rara, a primera vista no había encontrado nada así en años, por lo que esto era un suceso emocionante. Era una roca con matices de diamante, sin embargo, parecía tan frágil como el cristal, pero en su constitución no estaba formada por nada que el conociese. ¡Al fin! Algo nuevo, algo que había llamado su atención. Era lo que había estado buscando por mucho tiempo, pero no obstante no estaba preparado aún para acoger dicha joya para sí. Estaba indeciso y tenía tanto miedo que pensaba que su sueño iría a desvanecerse entre sus dedos cuando alcanzase a tomarlo. Luego de muchos temblores en sus manos y de alguna que otra gota de sudor deslizándose por su frente, Ydna se dispuso a tomar la roca. Segundos fue lo que duró aquel majestuoso acto antes de escuchar el gemido de un metal precipitarse contra el suelo. Una pequeña lágrima y un insensato sentimiento de frustración era lo que emanaban los ojos del resignado geólogo, mientras miraba que se habían quemado las palmas de sus manos. Sufrió por instantes el no poder coger esa piedra con sus brazos desnudos. Pero el lamento de su sollozo no produjo efecto alguno en él, solo el de sentirse más desafortunado. Para más desgracia aún, tuvo que observar como otro geólogo levantaba dicho peñasco del suelo y lo besaba, como si fuese inmune al calor. Ydna había dejado de pensar en él para traer a su mente el mero hecho de que había dejado escapar al sueño de su vida. Y mientras eso ocurría, pasaba por delante de cientos de minas de joyas preciosas, dejando escapar maravillosas rocas que parecían correr desesperadamente hacia él, esperando a ser descubiertas. Con el tiempo, su dolor fue desapareciendo, fue haciéndose tan culto en su trabajo que terminó siendo un experto en geología, y también encontró la piedra que buscaba. Era una piedra exactamente igual a él, poco común, aunque a la vista de muchos era parecida a la mayoría. Después de todo solo unos pocos afortunados logran ver de que material están echas la rocas.

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