miércoles, 25 de mayo de 2016

Alma sin Reflejo

Y allí estaba él, fijo, intangible, renegado a sucumbir ante las fuerzas del movimiento, dispuesto a deslumbrar a todo el que lo viese. Allí, con su cuerpo sin forma, casi cuadrada, casi circular, pareciese q violase las leyes de la física. Nadie sabía como llegó ahí, como termino en medio de aquel
maravilloso salón de losas de cristal con paredes del más fino mármol del cual se tenga evidencias y adornado con lámparas hechas de diamantes. ¿De quien será? Alguien lo debió de haber colocado en algún momento, pero,¿quien seria capaz de abandonar semejante maravilla y exponerlaante los incrédulos ojos de la humanidad? Eso es un delito. Pues allí seguía, tan fino que pudiera ser transparente, tan fino q pudiera ser traspasado sin sentir su contacto; con tanta exquisitez que pudiera ser considerado una escultura de Miguel Ángel. Con solo mirarlo era capaz de mostrarte todo tú alrededor sin omitir ningún detalle, sin omitir siquiera una molécula de oxigeno; era capaz de mostrarte la desnudes del mundo, su inocencia, su candor, pero no era capaz de reproducir mi reflejo, era como si no formase parte de la realidad. ¿Qué significaba esto? ¿Sería otra de mis alucinaciones? Entre tanta confusión asoma ante mi vista un elegante mayordomo portando consigo una lujosa bandeja, quizás de plata, pero muy fina, con caramelos y copas de tequila. Una mano gruesa y velluda cubierta con una capa de látex arremete imprudentemente contra mí e introduce uno de los caramelos en mi boca, tan rápido, que no tuve tiempo para reaccionar. Aun no he terminado de procesar lo que pasa, pero alcanzo a notar como en cuestión de segundos aparece nuevamente aquel brazo con una de las copas, vertiendo su preciado néctar sobre mí y alcanzando solo a probar unas últimas gotas. No entiendo que está pasando, quería protegerme ante semejantes calamidades pero mis piernas apenas podían mantenerme en pie y mis brazos, pegados a mi espalda, no me respondían, era como si todo mi cuerpo quisiera darle un golpe de estado a mi mente. Entre tanto, el mayordomo abandonó el sitio con tanto cuidado que apenas pude percatarme de ello. Me volteo, con la intención de resolver el misterio extravagante de aquella enigmática figura que reposaba en aquel salón, pero solo alcanzo a ver una pequeña habitación de blancas y acolchonadas paredes que amenaza con ser una prisión. Ya no puedo sentir mi cuerpo, y apenas puedo seguir despierto.

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