Tierra,
polvo, Sol y un exceso de vacío era lo único que se podía divisar. Bueno, eso y
unas huellas a las que seguía incansablemente. Parecían ser recientes, pero no
asomaba en mi borrosa vista, alguna figura con la que coincidieran. Por tramos
podía notarse como las pisadas se estiraban o se expandían, sin embargo,
seguían siendo
las mismas. No recuerdo exactamente en que momento las encontré, pero me alegro porque dieron sentido a mi vida. Hubo momentos en que otras huellas aparecían y caminaban junto a ellas, de forma armoniosa y semejante, pero con el pasar del tiempo tomaban rumbos diferentes. Yo sin embargo, no he caminado junto a las huellas, solo piso justo encima de ellas, porque de alguna manera creo que me hace sentir mejor. A veces puedo ver una sombra que sobresale de aquellos vestigios, pero es raro, porque tan siquiera alcanzo a ver la mía. Siempre tan cuidadoso y siempre tan optimista, soy capaz de seguir sus pisadas, incluso, a través de los ríos y los mares, de los llanos y las praderas, de las cuencas y montañas. Pero he llegado al punto cumbre, al límite del recorrido, al final de la travesía; las huellas han dejado de andar y se han desvanecido. No hay nada ni nadie ahí, solo yo, encima de los dos últimos pasos de alguien que no conozco, intentando ser recompensado por ello. Y aunque no sea capaz de ver las huellas en la tierra, se con seguridad que todavía están ahí, solo he de seguir pisando encima de ellas y continuar andando.
las mismas. No recuerdo exactamente en que momento las encontré, pero me alegro porque dieron sentido a mi vida. Hubo momentos en que otras huellas aparecían y caminaban junto a ellas, de forma armoniosa y semejante, pero con el pasar del tiempo tomaban rumbos diferentes. Yo sin embargo, no he caminado junto a las huellas, solo piso justo encima de ellas, porque de alguna manera creo que me hace sentir mejor. A veces puedo ver una sombra que sobresale de aquellos vestigios, pero es raro, porque tan siquiera alcanzo a ver la mía. Siempre tan cuidadoso y siempre tan optimista, soy capaz de seguir sus pisadas, incluso, a través de los ríos y los mares, de los llanos y las praderas, de las cuencas y montañas. Pero he llegado al punto cumbre, al límite del recorrido, al final de la travesía; las huellas han dejado de andar y se han desvanecido. No hay nada ni nadie ahí, solo yo, encima de los dos últimos pasos de alguien que no conozco, intentando ser recompensado por ello. Y aunque no sea capaz de ver las huellas en la tierra, se con seguridad que todavía están ahí, solo he de seguir pisando encima de ellas y continuar andando.
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