Cuenta
la historia que este era hombre afortunado y de aspecto formidable que iba
caminando por la vida cumpliendo cada uno de sus sueños. En uno de sus viajes
se topó con un camino hermoso y vasto que no parecía tener fin y se propuso
entre sus objetivos buscarle el final. Mientras avanzaba podía ver gente feliz
de transitar
por él y se preguntaba a donde llevaría ese camino que podía levantar el ánimo de tantas personas. Pero no tardó en darse cuenta de que la vía no era solo de ida, sino también de vuelta, y que entre la multitud se encontraban otros quienes lloraban desconsoladamente, otros quienes regresaban enojados, otros con caras de resignación y otros con aspectos muy naturales, como si no importase nada de lo que hubieran visto en el viaje. Por un momento dudó y se preguntó si valía la pena seguir, hasta que en lo mas profundo de su ser emergió nuevamente la curiosidad y las ganas de vivir nuevas experiencias. Mientras seguía en busca de su propósito, el joven observaba cada detalle de aquel camino, era alucinante mirar como a medida que avanzaba, aquel paisaje se volvía cada vez más maravilloso. Muy a lo lejos en la profundidad del horizonte se podía divisar un muro enorme que se extendía a todo lo ancho del vasto valle que rodeaba ambos lados del camino. Pasaron días y meses hasta que ese muro se fuese haciendo mas palpable y aún más días y meses hasta tenerlo casi justo frente a sus ojos. Mientras más cerca se encontraba del muro se podía ver más personas regresando y se preguntaba si ese era simplemente el final de su viaje. No tardó mucho hasta que pudo proyectar sus manos en él y observó hacia cada latitud percatándose de que no existía forma alguna de sobrepasarlo. Había pasado mucho tiempo recorriendo un camino sin saber que encontraría, pero jamás se imaginó que gastaría tanto tiempo y esfuerzo para no encontrar nada. Por primera vez en su vida ya no se sentía tan afortunado, por primera vez entendía la cara de muchos de los viajeros que observó mientras caminó para llegar hasta ahí. Pero a pesar de la baja autoestima que le proporcionó el momento, no se resignó y dio unos pasos hacia atrás buscando algún defecto en aquel enorme muro que parecía llegar al cielo, algún defecto que le diera la más mínima ilusión de pasar hacia el otro lado. Mientras trataba de encontrar alguna grieta en semejante construcción, se percató de algo que lo dejo en shock durante varios segundos. Uno de los viajeros que transitaba el camino atravesó el muro como si no existiese nada ahí. Miró nuevamente a su alrededor y pudo ver que nadie se dio cuenta de aquel impactante suceso. Volvió su vista hacia el muro y se dijo a sí mismo que él también podía atravesarlo. De nuevo, emprendió el viaje hacia su destino repitiéndose por dentro que podía hacerlo, pero en el fondo de su subconsciente había algo que negaba firmemente esa ilusión, algo que no sabia como traspasar el muro. Y efectivamente, su subconsciente tenía razón, un moretón en la frente mientras caía hacia atrás era la prueba más fehaciente de ello. Después de varios intentos era él quien quedaba como blanco para todas las miradas desapercibidas de los viajeros. Se sentía agotado, decepcionado y sobre todo, se sentía desilusionado, había encontrado un anhelo que no era capaz de lograr. Ante semejante impotencia, el joven empezó a llorar de rabia, se levantó de un tirón, y enfocándose en el muro se repitió incansablemente que no había cosa alguna para él que fuese más importante que traspasar aquella muralla. Fue entonces cuando sin tenerlo en cuenta echó a andar. Su convicción era tal, que las paredes comenzaron a resquebrajarse y para cuando estuvo frente a una especie de entrada se detuvo momentáneamente y observó a la gente a su alrededor que, nuevamente, no eran capaz de percatarse de nada. Luego de eso, volvió su mirada al frente y siguió. Cuentan los que han llegado al otro lado que en el camino no hay ningún muro.
por él y se preguntaba a donde llevaría ese camino que podía levantar el ánimo de tantas personas. Pero no tardó en darse cuenta de que la vía no era solo de ida, sino también de vuelta, y que entre la multitud se encontraban otros quienes lloraban desconsoladamente, otros quienes regresaban enojados, otros con caras de resignación y otros con aspectos muy naturales, como si no importase nada de lo que hubieran visto en el viaje. Por un momento dudó y se preguntó si valía la pena seguir, hasta que en lo mas profundo de su ser emergió nuevamente la curiosidad y las ganas de vivir nuevas experiencias. Mientras seguía en busca de su propósito, el joven observaba cada detalle de aquel camino, era alucinante mirar como a medida que avanzaba, aquel paisaje se volvía cada vez más maravilloso. Muy a lo lejos en la profundidad del horizonte se podía divisar un muro enorme que se extendía a todo lo ancho del vasto valle que rodeaba ambos lados del camino. Pasaron días y meses hasta que ese muro se fuese haciendo mas palpable y aún más días y meses hasta tenerlo casi justo frente a sus ojos. Mientras más cerca se encontraba del muro se podía ver más personas regresando y se preguntaba si ese era simplemente el final de su viaje. No tardó mucho hasta que pudo proyectar sus manos en él y observó hacia cada latitud percatándose de que no existía forma alguna de sobrepasarlo. Había pasado mucho tiempo recorriendo un camino sin saber que encontraría, pero jamás se imaginó que gastaría tanto tiempo y esfuerzo para no encontrar nada. Por primera vez en su vida ya no se sentía tan afortunado, por primera vez entendía la cara de muchos de los viajeros que observó mientras caminó para llegar hasta ahí. Pero a pesar de la baja autoestima que le proporcionó el momento, no se resignó y dio unos pasos hacia atrás buscando algún defecto en aquel enorme muro que parecía llegar al cielo, algún defecto que le diera la más mínima ilusión de pasar hacia el otro lado. Mientras trataba de encontrar alguna grieta en semejante construcción, se percató de algo que lo dejo en shock durante varios segundos. Uno de los viajeros que transitaba el camino atravesó el muro como si no existiese nada ahí. Miró nuevamente a su alrededor y pudo ver que nadie se dio cuenta de aquel impactante suceso. Volvió su vista hacia el muro y se dijo a sí mismo que él también podía atravesarlo. De nuevo, emprendió el viaje hacia su destino repitiéndose por dentro que podía hacerlo, pero en el fondo de su subconsciente había algo que negaba firmemente esa ilusión, algo que no sabia como traspasar el muro. Y efectivamente, su subconsciente tenía razón, un moretón en la frente mientras caía hacia atrás era la prueba más fehaciente de ello. Después de varios intentos era él quien quedaba como blanco para todas las miradas desapercibidas de los viajeros. Se sentía agotado, decepcionado y sobre todo, se sentía desilusionado, había encontrado un anhelo que no era capaz de lograr. Ante semejante impotencia, el joven empezó a llorar de rabia, se levantó de un tirón, y enfocándose en el muro se repitió incansablemente que no había cosa alguna para él que fuese más importante que traspasar aquella muralla. Fue entonces cuando sin tenerlo en cuenta echó a andar. Su convicción era tal, que las paredes comenzaron a resquebrajarse y para cuando estuvo frente a una especie de entrada se detuvo momentáneamente y observó a la gente a su alrededor que, nuevamente, no eran capaz de percatarse de nada. Luego de eso, volvió su mirada al frente y siguió. Cuentan los que han llegado al otro lado que en el camino no hay ningún muro.
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